Cicatrices Invisibles Ep. 9

Cicatrices Invisibles Ep. 9

Capítulo 9

Alejandro llegó a casa al anochecer, su corazón lleno de ansiedad y temor por lo que le esperaba. Sus padres, como siempre, lo recibieron con palabras oscuras y miradas cargadas de desprecio.

Madre de Alejandro: (fría) Espero que hayas aprendido la lección, Alejandro.

Padre de Alejandro: (burlón) ¿O necesitas otra dosis de realidad para entenderlo?

Alejandro sabía que cualquier intento de responder o protestar solo empeoraría las cosas. Asintió en silencio mientras sus padres continuaban hablando, culpándolo por todo lo que consideraban un desorden en la casa.

Madre de Alejandro: (exigente) Y apúrate a limpiar todo el desorden que has dejado pendiente. No queremos vivir en tu suciedad.

Alejandro suspiró interiormente, sintiéndose atrapado en un ciclo interminable de abusos y humillaciones.

Mientras Alejandro se sumía en la rutina sombría de limpiar el desorden que sus padres le habían asignado, su mente vagaba hacia un lugar de refugio en la oscuridad. Cada tarea que realizaba era un intento de escapar de la realidad opresiva que vivía en casa.

Sus padres continuaban lanzando palabras hirientes y despreciativas mientras observaban su trabajo. El corazón de Alejandro latía con pesar y dolor, pero había aprendido a ocultar sus emociones bajo una máscara de indiferencia.

Cuando finalmente terminó de limpiar, su madre emitió un suspiro de satisfacción, aunque la satisfacción en su voz tenía un tono siniestro.

Madre de Alejandro: (condescendiente) Por fin hiciste algo bien, Alejandro. Deberías aprender a hacerlo sin que te lo pidan.

Alejandro asintió sin decir una palabra, sin atreverse a mirar a sus padres a los ojos. Sabía que no había forma de complacerlos, y cualquier intento de hacerlo solo conduciría a más abuso.

En la privacidad de su cuarto, Alejandro se sumergió en la tarea de plasmar en su red social anónima todo lo que había experimentado en ese día. Cada palabra, cada emoción, fluía de su corazón y mente hacia la pantalla de su dispositivo.

Comenzó a escribir, dejando que las palabras fluyeran como un torrente de angustia y desesperación. Contó cómo su casa, que debería ser un lugar de refugio, se había convertido en una prisión de abuso y desprecio. Detalló los insultos, los golpes y las humillaciones que soportaba día tras día.

Sus palabras eran una ventana hacia su sufrimiento, una forma de liberar la presión que sentía en su interior. Sabía que las personas en su red social no conocían su verdadera identidad, pero, aun así, sentía que estaba siendo escuchado y comprendido de alguna manera.

A medida que continuaba escribiendo, Alejandro encontró un atisbo de alivio en compartir su historia en la oscuridad de la noche.

Sofía yacía en su cama, abrazando su peluche favorito, mientras su mente se perdía en un torbellino de pensamientos. Su corazón latía con fuerza, y cada latido resonaba con el recuerdo de lo que había sucedido esa tarde. No podía evitar sonreír al recordar el abrazo de Alejandro y cómo su mano se había entrelazado con la suya.

En la penumbra de su habitación, los susurros suaves de sus pensamientos llenaban el aire. Se había enamorado profundamente de Alejandro, y cada encuentro con él la dejaba anhelando más. Su mente se llenaba de preguntas y esperanzas sobre lo que podría ser su relación en el futuro.

La luz del nuevo día se filtraba tímidamente a través de las cortinas de la habitación de Alejandro cuando un golpe repentino y brutal lo sacó de su sueño. El impacto lo dejó desorientado y con un fuerte dolor en el rostro. Un moretón comenzaba a formarse rápidamente en su mejilla.

Alejandro se quedó tendido en el suelo, aturdido y conmocionado por la agresión de su padre. La furia en los ojos de su progenitor le advertía que cualquier intento de resistencia solo empeoraría las cosas. El silencio pesado que llenaba la habitación era roto solo por la respiración entrecortada de Alejandro.

Padre de Alejandro: (gritando) ¡Nunca debiste quedarte dormido, inútil! ¡Eres una carga para esta familia!

El regaño y los insultos de su padre se precipitaron sobre Alejandro como un torrente de crueldad. Sentía que el mundo entero se derrumbaba a su alrededor. En ese momento, en el suelo de su habitación, se sintió más vulnerable que nunca.

Con el moretón en su rostro como un oscuro recordatorio de la brutalidad de su padre, Alejandro se levantó con esfuerzo del suelo de su habitación. La furia de su padre seguía resonando en sus oídos mientras comenzaba a cumplir con los deberes de la casa, con una sensación de impotencia y desesperación que lo invadía.

Las palabras de su padre seguían martillando en su cabeza: “Haz los deberes de la casa y lárgate”. Alejandro entendió que no había lugar para él en ese hogar, que su única opción era escapar de la violencia y el abuso que sufría a diario.

Mientras realizaba las tareas domésticas, su mente trabajaba a toda marcha, buscando una salida.

Alejandro, con el rostro marcado por el moretón y el corazón cargado de preocupaciones, se dirigió hacia la escuela a pesar de que ya era tarde para asistir a clases. Había encontrado cierto consuelo en la biblioteca en los días anteriores, un refugio tranquilo donde podía concentrarse y escapar, al menos por un tiempo, de sus problemas en casa.

Sofía, observándolo desde una ventana del edificio escolar, notó su llegada y se sorprendió al ver cómo estaba. Sin pensarlo dos veces, pidió permiso al profesor para ir al baño, pero en realidad, siguió a Alejandro con sigilo mientras él se dirigía a la biblioteca.

Cuando llegaron a la biblioteca, Alejandro se sumergió en un libro, buscando desesperadamente algo que pudiera alejar sus pensamientos de la tormenta en su vida. Sin embargo, la preocupación y el cansancio seguían pesando sobre él.

Sofía, entró entre las estanterías de libros, lo observaba con atención. Sus ojos se llenaron de compasión al ver el estado de Alejandro. Aunque no sabía exactamente qué le había sucedido, estaba decidida a estar ahí para él, como lo había prometido.

En la tranquila soledad de la biblioteca, donde los libros eran testigos silenciosos de sus vidas entrelazadas, Alejandro vió a Sofia entre los libros, tomó una decisión audaz. Su corazón latía con fuerza, impulsado por una mezcla de emociones que lo habían atormentado durante mucho tiempo. Decidió que ya no podía ocultar lo que sentía.

Sofía, quien había estado vigilando a Alejandro con preocupación desde la distancia, se sorprendió cuando él se acercó a ella con determinación en los ojos. Antes de que pudiera decir una palabra, sus labios encontraron los de Sofía en un beso apasionado y valiente.

Fue un beso que rompió las barreras del miedo y la incertidumbre que los rodeaba. Fue un beso que expresó todo lo que Alejandro no podía poner en palabras, un beso lleno de anhelos y deseos compartidos. En ese momento, en medio de la tranquilidad de la biblioteca, sus corazones se unieron en una conexión que iba más allá de las palabras.

Sofía, sorprendida al principio, pronto correspondió al beso con la misma pasión y ternura. Sus manos se entrelazaron, sellando su vínculo en un gesto de intimidad compartida

Con una suavidad cautivadora, inclinó su cabeza y sus labios se encontraron de nuevo en un beso tierno pero apasionado.

Sofía rodeó con sus brazos el cuello de Alejandro, profundizando el beso. Sus corazones latían al unísono, y el amor que sentían el uno por el otro se hizo más evidente con cada suave caricia y cada beso robado.

El susurro de las páginas de los libros se mezclaba con el suave suspiro de los dos jóvenes mientras se besaban en la tranquilidad de la biblioteca, un lugar que se había convertido en testigo silencioso de su creciente historia de amor.

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