Crescendo Del Corazón Cap.6

Crescendo Del Corazón Cap.6

La habitación estaba envuelta en la suave luz de la madrugada cuando Ana y Noah se quedaron profundamente dormidos, abrazados con cariño. Ana, con una clara sonrisa en el rostro, descansaba tranquilamente en el pecho reconfortante de Noah. La calma reinaba en la habitación, y el suave murmullo de la noche envolvía la escena de amor.

Al día siguiente, Carmen, la madre de Noah, y Sofía estaban ocupadas en la cocina preparando el desayuno. La ausencia de Noah las hizo preguntarse dónde podría estar, así que Carmen le pidió a Sofía que fuera a buscar a su hermano. La niña asintió y se encaminó hacia la habitación de Noah.

Sofia, con su curiosidad característica, se dirigió hacia la habitación de Noah y abrió la puerta con suavidad. Sin embargo, al entrar, quedó muda al ver la escena ante ella.

Noah y Ana yacían en la cama, aun profundamente dormidos y abrazados. La sonrisa en el rostro de Ana mostraba la serenidad de su sueño, mientras que Noah, con expresión pacífica, sostenía a Ana con ternura.

Sofia, inicialmente sorprendida, no pudo contener una sonrisa y cerró la puerta con cuidado, dejando a la pareja disfrutar de su sueño. Al regresar a la cocina, Carmen notó la expresión en el rostro de Sofia y preguntó con una sonrisa cómplice: «¿Lo encontraste cariño?»

Sofia asintió, aun sonriendo. «Sí, mamá y esta muuuuuuuy bien.» La imagen de la pareja dormida resonó en su mente.

Al ver la expresión peculiar en el rostro de Sofia, Carmen sintió curiosidad y decidió preguntarle sobre el motivo. «¿Por qué estás así, cariño?» le preguntó con una sonrisa.

Sofia, sin poder contener su emoción, respondió rápidamente: «Bueno, está dormido con Ana.»

La respuesta de Sofia dejó los ojos de Carmen tan abiertos como platos. El asombro se reflejó en su rostro mientras procesaba la información. Sin perder tiempo, Carmen se apresuró hacia la habitación de Noah, llena de curiosidad y sorpresa.

Al abrir la puerta, se encontró con la adorable escena de Noah y Ana, dormidos y abrazados.

Carmen, con una mezcla de sorpresa y ternura en su rostro, decidió despertar a la pareja de enamorados. Con cuidado, tocó el hombro de Ana y le dijo con amabilidad: «Ana, creo que es hora de despertar.»

Ana, al despertar y ver a Carmen frente a ella, se sonrojó intensamente, sintiéndose un tanto incómoda por la situación. No estaba segura de qué decir en ese momento, pero intentó mantener la compostura mientras miraba a Carmen.

Carmen, sin embargo, se dirigió a Noah con una expresión más seria. «Noah, cariño, entiendo que estás enamorado, pero compartir la cama con Ana no es la mejor manera de demostrarlo, ¿verdad?»

Noah, todavía somnoliento y un poco confundido, tartamudeó al responder: «Mamá, lo siento. No pensamos que pasaría… simplemente estábamos cansados y…»

Carmen le interrumpió con un gesto de la mano. «Está bien, cariño, pero necesitamos hablar sobre límites y respeto. Ahora, levántense y únanse a nosotros para el desayuno. Pero en el futuro, asegúrense de que estas situaciones no vuelvan a ocurrir, ¿de acuerdo?»

Ana y Noah asintieron, aun visiblemente nerviosos por la charla que se avecinaba. Mientras se dirigían hacia la cocina.

Después de que todos se sentaron alrededor de la mesa del desayuno, Carmen decidió abordar la situación con calma y comprensión. Miró a Noah y Ana con una expresión serena antes de comenzar a hablar.

«Cariño, Ana, entiendo que están en una etapa de sus vidas donde los sentimientos pueden ser intensos y las emociones, abrumadoras. Pero es importante que ambos comprendan la importancia de establecer límites y respetarlos en su relación», comenzó Carmen, manteniendo un tono sereno pero firme.

«Ana, entiendo que tu situación en casa puede ser difícil, y quiero que sepas que estamos aquí para apoyarte», continuó Carmen con empatía. «Pero compartir la cama con Noah no es la solución. Necesitamos asegurarnos de mantener un ambiente respetuoso y cómodo para todos.»

Ana agradeció la comprensión de Carmen con una expresión de alivio en su rostro. «Lo siento, señora Carmen. No fue mi intención causar molestias.»

Carmen sonrió con suavidad. «Lo entiendo, querida. Pero quiero que entiendan que, aunque no reprimo su amor, necesitamos establecer algunos límites. Pueden pasar tiempo juntos, pero hay límites en cuanto a compartir la cama.»

Ana y Noah asintieron simultáneamente.

Carmen asintió con aprobación. «Gracias por comprenderlo Noah. Ana, quiero que sepas que eres bienvenida en nuestra casa en cualquier momento, pero debemos asegurarnos de mantener ciertas normas para el bienestar de todos. ¿Entiendes?»

Inmediatamente Carmen les dedicó una sonrisa tranquilizadora. «Muy bien, ahora disfrutemos del desayuno juntos. Pero, por favor, asegurémonos de que esto no vuelva a ocurrir. La comunicación abierta y el respeto son clave en cualquier relación.»

Con esas palabras, la tensión disminuyó, y todos continuaron el desayuno.

Después de la charla, Carmen decidió allanar el camino para evitar cualquier malentendido con los padres de Ana. Mientras disfrutaban del desayuno, Carmen miró a Noah y Ana con una sonrisa.

«Noah, después de que terminen de desayunar, asegúrate de llevar a Ana a casa. Dile a sus padres que la invité esta mañana para desayunar. Pero quiero dejar claro que esto no debería repetirse», indicó Carmen.

Ana expresó su gratitud. «Sí, gracias, señora Carmen. No quería causar problemas.»

Carmen respondió con amabilidad, «Lo sé, querida. A veces, solo necesitamos ajustar las cosas. Pero recuerden, la responsabilidad y el respeto son clave. Ahora, disfruten del desayuno y luego organícense».

Con esas indicaciones, terminaron el desayuno con un ambiente más relajado, y Noah y Ana se prepararon para irse.

Mientras caminaban hacia la casa de Ana, la mano de Ana se entrelazó con la de Noah, apretándola con fuerza. Noah sonrió, reconociendo el gesto. Ana le dio un beso en la mejilla, expresando con ternura lo agradecida que estaba por su apoyo.

Al llegar a la casa de Ana, encontraron a su madre Clara y a sus hermanitos desayunando. Noah decidió abordar la situación para evitar malentendidos.
«Señora buenos días, mi nombre es Noah, soy el novio de Ana, quería comentarle que mi Mamá había invitado a Ana para desayunar con nosotros este día», explicó Noah.

Clara, aunque inicialmente sorprendida, agradeció a Noah. «Entiendo, gracias por decirme. Ana, ¿puedo hablar contigo un momento?»

La llevó a un rincón tranquilo de la casa, donde podrían hablar en privado. Con una expresión preocupada pero comprensiva, comenzó la conversación.

«Ana, sé que te he dado permiso de pasar tiempo con Noah, y confío en ti. Pero necesitamos hablar sobre lo que sucedió esta mañana. Entiende que, especialmente con la situación de tu padre, debemos ser cuidadosas y decirnos sobre estas cosas.» Dijo su madre con una voz tensa.

Ana, asintiendo con seriedad, respondió: «Lo siento, mamá. No quería preocuparte. La señora Carmen, me invitó a desayunar y no pensé que sería un problema. La verdad si tenía muchas ganas de ir.»

Clara notó la expresión de felicidad en el rostro de su hija y decidió cambiar el tono de la conversación hacia algo más ligero.

«Ana, ¿has notado cómo tus ojos brillan cuando hablas de Noah? Nunca te había visto tan feliz. Me alegra verte así, cariño», comentó con una sonrisa.

Ana respondió con una amplia sonrisa, sintiendo el apoyo de su madre. «Sí, mamá. Noah es especial para mí. Me hace sentir increíble.»

La madre de Ana se puso de pie y la invitó a regresar. «Bueno, entonces, ¿por qué no volvemos? Tengo muchas ganas de conocer a Noah y entender por qué te hace sentir de esa manera. Aprovechemos que tu padre sigue… bueno, indispuesto. Será bueno conocer al chico que te hace tan feliz.»

Al regresar, Ana y su madre fueron recibidas por un hermoso espectáculo: Noah, con una guitarra de juguete en mano, estaba cantando junto a los hermanitos de Ana. Los niños reían y cantaban con entusiasmo, disfrutando de la música.

La madre de Ana, Clara, observó la escena con una mezcla de sorpresa y felicidad. Cuando los niños notaron la presencia de Ana y su madre, corrieron hacia ellas con sonrisas radiantes.

Clara miró a Ana con ternura. «Ahora te entiendo, Ana», le dijo en un susurro mientras los niños rodeaban a su hermana mayor.

La tarde transcurrió de manera agradable en la casa de Ana. Noah, con su encanto y habilidad musical, logró conectar fácilmente con los hermanitos de Ana, quienes estaban fascinados con cada acorde que salía de su guitarra. Todos compartieron risas, historias y canciones, creando recuerdos especiales que perdurarían en sus corazones.

Clara observaba con cariño la interacción entre Noah y su familia. Su aprobación hacia él creció con cada gesto amable y cada palabra respetuosa que compartía con ellos. La madre de Ana estaba feliz de ver que su hija había encontrado a alguien que no solo la hacía feliz, sino que también encajaba armoniosamente en la dinámica familiar.

Después de un tiempo, Clara se acercó a Ana en un momento de tranquilidad. «Ana, me alegra mucho ver cómo te llevas con Noah. Es evidente que es una persona especial. Estoy aquí para apoyarte en todo lo que necesites con esta relación.»

Ana sonrió, agradecida por la comprensión y el apoyo de su madre. «Gracias, mamá. Noah es increíble, y me siento afortunada de tenerlo en mi vida.»

Clara asintió. «Si alguna vez necesitas hablar o tienes inquietudes, estoy aquí para ti. Solo quiero verte feliz, mi amor.»

La atmósfera alegre se vio bruscamente interrumpida por el sonido de una botella que se estrelló en el suelo. Todos los presentes se giraron hacia la entrada, donde el padre de Ana, Manuel, apareció con paso tambaleante y una expresión confusa en el rostro. Sus ojos se posaron en Noah, y soltó una risa irónica.

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