La leyenda de las brujas de Naica

La leyenda de las brujas de Naica

Naica es un pueblo minero en el estado de Chihuahua, México, famoso por albergar la Cueva de los Cristales, donde se encuentran los cristales más grandes del mundo. Pero Naica también esconde un oscuro secreto: las brujas que habitan en las profundidades de la tierra.

Según la leyenda, las brujas son bolas de fuego que salen de las minas abandonadas por las noches y buscan a jóvenes para convertirlas en parte de su clan. Algunos dicen que las brujas se reúnen cada 31 de octubre para hacer sacrificios con los niños que capturan.

La historia de Martina es un ejemplo de lo que les puede pasar a las que se cruzan con las brujas de Naica. Martina era una chica de 15 años que vivía con su abuela en una humilde casa cerca de la mina de Maple. Su abuela le había advertido muchas veces que no saliera de noche, que las brujas podían llevársela. Pero Martina era curiosa y rebelde, y quería ver con sus propios ojos si las brujas existían.

Una noche, aprovechando que su abuela dormía, Martina se escapó de la casa y se dirigió a la mina de Maple. Llevaba una linterna y una cámara, con la intención de tomar fotos de las brujas si las veía. Al llegar a la entrada de la mina, Martina sintió un escalofrío. El lugar estaba oscuro y silencioso, solo se escuchaba el viento que soplaba entre las rocas.

Martina se armó de valor y entró en la mina, iluminando el camino con su linterna. Caminó por unos minutos, sin ver nada fuera de lo normal. De pronto, escuchó un ruido detrás de ella. Se volteó y vio una bola de fuego que se acercaba a gran velocidad. Martina se asustó y echó a correr, pero la bola de fuego la alcanzó y la rodeó. Martina sintió un calor intenso y un dolor insoportable. Perdió el conocimiento y cayó al suelo.

Martina despertó y se encontró en una cueva iluminada por antorchas. A su alrededor había varias mujeres vestidas de negro, con sombreros puntiagudos y capas. Eran las brujas de Naica.

Una de ellas se acercó a Martina y le dijo, —Bienvenida, hija. Has sido elegida para unirte a nosotras. Te enseñaremos los secretos de la magia y el poder. Serás una de las nuestras.

Martina no podía creer lo que oía. Intentó escapar, pero las brujas la sujetaron con fuerza. Martina gritó y lloró, pero nadie la escuchó.

Las brujas la arrastraron hasta un altar, donde había un cuchillo y un libro. La bruja que había hablado antes tomó el cuchillo y le dijo a Martina, —No temas, hija. Esto es solo el principio. Pronto serás libre de las ataduras de este mundo. Solo tienes que dar tu sangre y tu alma al libro. Así sellarás tu pacto con las brujas de Naica.

Martina se resistió con todas sus fuerzas, pero fue inútil. La bruja le cortó la palma de la mano y dejó caer la sangre sobre el libro. El libro se abrió y unas letras rojas aparecieron en sus páginas. Eran palabras en un idioma desconocido para Martina.

La bruja le ordenó a Martina que las repitiera. Martina se negó, pero la bruja le puso el cuchillo en el cuello y le dijo, —Repite, hija. O morirás.

Martina no tuvo más remedio que obedecer. Repitió las palabras que la bruja le indicaba, sin saber lo que decía. Al terminar, el libro se cerró y una luz roja salió de él. Martina sintió un vacío en su pecho. Había perdido su sangre y su alma. Había perdido su humanidad. Había sido convertida en una bruja de Naica.

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