Querido Padre

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Querido Padre

Recuerdo la primera vez que me levantaste en tus brazos, con la seguridad y la fuerza que solo un padre puede proporcionar. Aquellos días de inocencia y risas se convirtieron en la base de mi existencia, en los cimientos de la persona que soy hoy. Me enseñaste a caminar, a hablar, a enfrentar el mundo con valentía, y aunque a veces nuestras opiniones divergían, siempre supe que tu amor era inquebrantable.

A medida que crecí, aprendí a apreciar las lecciones que me diste, no solo con palabras sabias, sino con acciones que hablaban más fuerte que cualquier discurso. Eras mi héroe, mi guía, mi faro en la tormenta. Pero ahora, al mirar hacia atrás, veo que también eras humano, con tus propios miedos y desafíos que enfrentabas en silencio para protegerme.

En nuestras conversaciones, compartimos sueños y aspiraciones, risas y lágrimas. Me contaste historias de tu juventud, de tus éxitos y fracasos, y de cómo, a pesar de todo, encontraste la fuerza para seguir adelante. Ahora, al enfrentarme a la realidad de tu partida, me doy cuenta de que no solo pierdo a un padre, sino a un amigo y confidente.

Cada consejo que me diste resonará en mi mente como un eco eterno. Aunque la vida nos llevó por caminos diferentes en ocasiones, siempre volvíamos a encontrarnos, como dos almas destinadas a cruzar sus destinos una y otra vez.

Hoy, en este adiós no pronunciado, quiero agradecerte por todo. Por los momentos felices y los desafíos que juntos enfrentamos. Por enseñarme a ser fuerte y compasivo, por modelarme no como una coraza impenetrable, sino como un corazón abierto capaz de amar y comprender.

Mientras te digo estas palabras, siento una mezcla de tristeza y gratitud. La tristeza por tu partida, pero también la gratitud por haber compartido esta vida contigo. Aunque el tiempo nos obligue a despedirnos físicamente, sé que tu amor y tus enseñanzas vivirán en mí, guiándome en cada paso que dé.

Te digo adiós, no con la amargura del final, sino con la dulzura de los recuerdos que atesoraré por siempre. Descansa en paz, querido padre, sabiendo que tu legado perdura en mi corazón y en las generaciones que seguirán.

Con amor eterno.

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